Cuando varias personas trabajan desde casa, cada metro cuadrado cuenta. Este escritorio plegable nació de una necesidad muy sencilla: tener un lugar cómodo para trabajar sin sacrificar el espacio de circulación cuando termina la jornada. En este artículo te comparto cómo surgió la idea, el proceso de fabricación y por qué se ha convertido en una de las mejores soluciones que hemos hecho en casa.
Hay cambios que llegan de manera inesperada y terminan modificando por completo la forma en que vivimos. Uno de ellos fue el Home Office. Lo que comenzó como una medida temporal durante la pandemia terminó convirtiéndose en una modalidad permanente para muchas personas.
En marzo de 2020, cuando se recomendó permanecer en casa y las empresas comenzaron a implementar el trabajo remoto, jamás imaginé que esa forma de trabajar se extendería durante tanto tiempo. Con el paso de los meses quedó claro que, para muchas organizaciones y empleados, trabajar desde casa también representaba beneficios importantes: menos tiempo en traslados, ahorro en combustible, menos gastos en comidas fuera de casa y, para las empresas, una reducción considerable en algunos costos de operación.
Sin embargo, no todo fueron ventajas. Muchos espacios del hogar tuvieron que reinventarse. El comedor, el antecomedor o cualquier rincón disponible se transformaron en la oficina de mamá, de papá o de los hijos. En nuestro caso, hay días en los que los cuatro integrantes de la familia trabajamos desde casa al mismo tiempo, así que contar con un espacio cómodo para cada uno dejó de ser un lujo y se convirtió en una verdadera necesidad.
En casa ya teníamos tres áreas perfectamente adaptadas para trabajar, pero seguía faltando una. La solución más sencilla era utilizar el comedor, aunque después de pasar ocho o diez horas sentado ahí, resulta evidente que no fue diseñado para funcionar como oficina.
El único espacio disponible tenía un inconveniente: un escritorio fijo estorbaría el paso. Fue entonces cuando surgió una idea que terminó siendo mucho mejor de lo que imaginaba: construir un escritorio plegable. Un mueble que pudiera desplegarse únicamente cuando fuera necesario y que, al terminar la jornada, volviera a plegarse para recuperar por completo el espacio de circulación.
Con esa idea en mente, comencé el proyecto.
Lo primero fue medir cuidadosamente el lugar donde quedaría instalado. Después elegí una cubierta de madera de tzalam, una de mis favoritas por su resistencia y la calidez de su veta.
Para darle una apariencia más robusta, fabriqué un marco inferior con la misma madera, logrando que el tablero pareciera de mayor espesor sin aumentar demasiado el peso.
Una vez cortada la cubierta a la medida exacta, redondeé las esquinas frontales para hacerla más cómoda y segura. Después instalé las bisagras plegables, lijé toda la superficie comenzando con grano 120 hasta llegar a grano 800 y, como acabado final, apliqué aceite de teca para resaltar el color natural de la madera y protegerla.
El resultado superó mis expectativas. Hoy tenemos un espacio de trabajo cómodo cuando hace falta y, al terminar la jornada, basta con plegarlo para que el área vuelva a sentirse amplia y despejada.
Muchas veces las mejores soluciones no consisten en tener más espacio, sino en aprovechar mejor el que ya tenemos.
• Proyecto: Escritorio plegable de madera de tzalam.
• Material principal: Tzalam.
• Estructura: Bisagras plegables
• Acabado: Aceite de Teka.
• Dificultad: Intermedia.
• Tiempo de fabricación: (8 horas).
Materiales:
• Cubierta de tzalam.
• Ménsula Para Repisa Plegable
• Taquetes de plastico.
• Tornillos.
• Lija grano 120 a 800.
• Aceite de Teka Sayer.
• Clavacotes
Herramientas:
• Sierra ingleteadora.
• Sierra de mesa.
• Router y brocas recta y boleadora
• Lijadora orbital.
• Taladro percutor.
• Atornillador
• Prensas.
• Escuadra.
• Nivel laser
• Broca clavocote
• Taladro de banco
• Flexometro