Vivir con un auto eléctrico durante dos años en buenas condiciones

Vivir con un auto eléctrico durante dos años: nuestra experiencia real

Cuando era niño, allá por los años ochenta, era común escuchar que para el año 2000 todos los autos volarían. Eran esas predicciones que parecían inevitables vistas desde la imaginación de un niño. Evidentemente eso nunca ocurrió.

Años después pensé que, para 2020, la mayoría de los automóviles dejarían de usar gasolina y funcionarían con algún tipo de energía alternativa. Tampoco sucedió, aunque esta vez la realidad estuvo mucho más cerca de aquella idea. Hoy los vehículos eléctricos forman parte del paisaje cotidiano y cada vez es más común encontrarlos en las calles, aunque la mayor parte de ellos siguen siendo híbridos.

Los híbridos combinan un motor de combustión con uno eléctrico. El motor eléctrico suele encargarse de mover el vehículo cuando la demanda de potencia es baja, mientras que el motor de gasolina entra en acción cuando se requiere mayor aceleración o cuando la batería necesita apoyo. Gracias a ello no existe la preocupación por la autonomía, ya que el motor de combustión continúa siendo el principal responsable de mover el vehículo.

Con los autos 100 % eléctricos la historia es diferente. Aunque su autonomía ha mejorado considerablemente, la infraestructura de carga todavía representa uno de sus principales desafíos. Las estaciones públicas siguen siendo limitadas y, dependiendo del tipo de cargador, una recarga puede tomar varias horas. Esto hace que, por ahora, los viajes largos requieran una planeación mucho más cuidadosa que en un automóvil de combustión.

A pesar de ello, a finales de 2024 llegó a nuestra casa un MINI Cooper totalmente eléctrico. No es técnicamente mío y sólo lo conduzco de vez en cuando, pero sí ha formado parte de la rutina familiar desde entonces, por lo que he podido conocer muy bien sus ventajas, sus limitaciones y las sorpresas que implica convivir con un vehículo eléctrico todos los días.

Nada como manejar un auto en buenas condiciones
Cargador de pared diseñado para instalarse en el garaje.
Nada como manejar un auto en buenas condiciones

La primera gran prueba: instalar el cargador

Cuando recibimos el auto incluía dos cargadores. El primero podía conectarse a una toma doméstica de 110 V. Es el llamado cargador de emergencia y, aunque funciona perfectamente, puede tardar hasta 48 horas en cargar aproximadamente el 80 % de la batería, por lo que únicamente resulta útil en situaciones muy específicas.

El segundo era un cargador de pared diseñado para instalarse en el garaje. Este requiere una alimentación de 220 V y permite realizar una carga cercana al 80 % en alrededor de cuatro horas, una diferencia enorme respecto al cargador portátil. Sin embargo, instalarlo terminó siendo el mayor reto de toda la experiencia. Siguiendo la recomendación de la agencia contratamos una empresa especializada para realizar la instalación y gestionar el trámite correspondiente ante la CFE. El costo fue de aproximadamente 17,000 pesos.

Sinceramente, al ver el trabajo terminado tuve la impresión de que cualquier electricista con experiencia habría podido realizar una instalación similar por una fracción de ese costo. Después vino otra etapa todavía más complicada: lograr que la CFE realizara la electrificación necesaria para poner en funcionamiento el cargador. El proceso resultó lento y frustrante, hasta que finalmente quedó concluido. Visto en retrospectiva, puedo decir que la instalación del cargador fue, por mucho, la parte más complicada de tener un auto eléctrico.

Una vez instalado… todo cambió

Curiosamente, después de superar ese primer obstáculo, prácticamente todo ha funcionado de manera muy sencilla. El auto normalmente se carga una o dos veces por semana durante la noche, mientras todos dormimos. Es quizá una de las mayores ventajas de un vehículo eléctrico: al despertar, el automóvil está listo para usarse sin necesidad de pasar por una gasolinera.

El incremento en el recibo de electricidad ha sido de aproximadamente 1,700 pesos cada bimestre, dependiendo del uso. Antes de cambiar al MINI eléctrico, quien lo utiliza gastaba alrededor de 1,200 pesos de gasolina cada semana. En otras palabras, el ahorro mensual ronda los 4,000 pesos, una diferencia que termina siendo muy significativa con el paso del tiempo.

Nada como manejar un auto en buenas condiciones
Nada como manejar un auto en buenas condiciones

¿Y cómo se maneja?

Aquí fue donde más me sorprendió. Muchas personas asocian un auto eléctrico con un vehículo lento o poco emocionante, pero al menos en este caso sucede exactamente lo contrario.

Los motores eléctricos entregan todo su torque desde el primer instante. No necesitan una caja de velocidades tradicional y la aceleración es inmediata.

La sensación al arrancar es realmente agradable y, en términos de desempeño, este MINI puede competir sin dificultad con automóviles de gasolina que presumen alrededor de 250 caballos de fuerza.

No exagero al decir que acelerar un auto eléctrico por primera vez cambia la percepción que uno tiene sobre este tipo de vehículos.

El mantenimiento

Otro aspecto donde el auto ha superado nuestras expectativas es el mantenimiento. Después de casi dos años y más de 30,000 kilómetros recorridos, el vehículo prácticamente no ha requerido atención mecánica.

Al no existir cambios de aceite, filtros o muchos de los componentes habituales de un motor de combustión, las visitas al taller disminuyen considerablemente y los costos de mantenimiento también. Hasta ahora, esa ha sido una de las mayores satisfacciones de tener un automóvil eléctrico en casa.

Lo que más nos ha gustado

Sin duda, el principal objetivo al comprar un auto eléctrico era reducir el gasto en combustible, y ese objetivo se ha cumplido con creces. El ahorro ha sido considerable desde los primeros meses de uso y representa una diferencia importante respecto al automóvil de combustión que reemplazó.

Otro aspecto que nos sorprendió gratamente fue la aceleración. Los motores eléctricos entregan todo su par desde el primer instante y eso hace que las respuestas del vehículo sean inmediatas. En ciudad resulta muy ágil y divertido de manejar.

 

Nada como manejar un auto en buenas condiciones
Nada como manejar un auto en buenas condiciones

El MINI incluso incorpora diferentes modos de conducción que modifican la experiencia al volante. Uno de ellos reproduce, a través del sistema de audio, un sonido similar al de un escape deportivo. Evidentemente es un sonido artificial, pero ayuda a quienes disfrutan esa sensación. En lo personal, después de acostumbrarme, descubrí que conducir prácticamente en silencio resulta mucho más relajante, sobre todo en el tráfico, algo que lamentablemente forma parte del día a día en la Ciudad de México.

El mantenimiento también merece una mención especial. A estas alturas, un automóvil de gasolina con prestaciones y tamaño similares ya habría requerido al menos dos servicios, con un costo aproximado de 5,000 pesos cada uno. En el caso del MINI eléctrico, esos gastos simplemente no han existido.

Finalmente, contar con un cargador instalado en casa terminó siendo uno de los mayores aciertos. La rutina es muy parecida a la de un teléfono celular: dos o tres veces por semana lo conectamos por la noche y, al día siguiente, el auto está listo para utilizarse.

Por el tipo de recorridos que realizamos habitualmente, considero que este automóvil es una excelente opción para el uso diario dentro de la Ciudad de México y su zona metropolitana.

Su verificación no tuvo costo, solo fue un tramite muy sencillo en la secretaría de ecología  donde le colocaron un holograma permanente que no debe actualizarse.
El costo de su tenencia es más barato que el de los autos que solo pagan refrendo, paga solo 515 pesos anuales. Un auto con un costo similar pero a gasolina pago 17500 pesos en 2026.

Lo que no nos ha gustado

La parte más complicada de toda la experiencia ocurrió incluso antes de comenzar a disfrutar el automóvil.

La instalación del cargador resultó mucho más costosa de lo que esperábamos y los trámites necesarios para dejarlo funcionando fueron largos y, en algunos momentos, bastante frustrantes. Afortunadamente fue un proceso que sólo tuvimos que vivir una vez, pero considero que todavía existe mucho margen para simplificar este tipo de instalaciones para quienes decidan adquirir un vehículo eléctrico.

El otro punto que todavía representa una limitación es la infraestructura de carga pública.

Aunque cada vez existen más estaciones, siguen siendo insuficientes para viajar con la misma tranquilidad que ofrece un automóvil de gasolina. Hoy en día, un auto eléctrico difícilmente puede ser la única alternativa de movilidad para quienes realizan viajes frecuentes por carretera o recorren largas distancias de manera habitual.

¿Lo volveríamos a comprar?

La respuesta es sí.

Comprar un auto eléctrico ha sido una buena decisión para nuestra familia, aunque debo reconocer que esa decisión también está respaldada por el hecho de que contamos con otros vehículos de gasolina. Cuando surge la necesidad de realizar un viaje largo, preferimos utilizar uno de ellos y evitar la preocupación por la autonomía o la disponibilidad de cargadores durante el trayecto.

Otro aspecto que nos dio tranquilidad al momento de comprarlo fue la garantía del fabricante sobre la batería. En este caso es de 15 años, lo que reduce considerablemente la incertidumbre sobre uno de los componentes más costosos del vehículo.

Después de casi dos años de uso, mi conclusión es sencilla: un auto eléctrico puede ser una excelente compra si su uso coincide con sus fortalezas. Para recorridos diarios, ciudad y trayectos relativamente cortos ofrece una experiencia difícil de igualar. Para quienes viajan constantemente por carretera, todavía existen limitaciones que conviene considerar antes de tomar una decisión.

Me gustaría volver ha escribir sobre este automóvil dentro de uno o dos años. Será interesante comprobar cómo ha envejecido la batería, si la autonomía se mantiene cercana a la original, si finalmente ha requerido algún mantenimiento importante y, sobre todo, si la experiencia sigue siendo tan positiva como lo ha sido hasta ahora.
Al final, más que responder si un auto eléctrico es mejor o peor que uno de gasolina, creo que la verdadera pregunta es otra: ¿es el automóvil adecuado para la forma en que tú lo utilizas? En nuestro caso, hasta ahora, la respuesta ha sido un rotundo sí.

¡Gracias por leerme!

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